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Arte prehispánico en el Palacio de Bellas Artes

  • hace 12 minutos
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El Palacio de Bellas Artes es uno de los edificios más emblemáticos de México, pero detrás de su imponente arquitectura europea guarda una historia que pocos visitantes conocen. Entre sus puertas, esculturas, lámparas y murales aparecen personajes, símbolos y dioses del México antiguo. ¿Por qué un edificio concebido originalmente como un gran teatro de ópera terminó incorporando estas referencias? Descubre cómo el Palacio se convirtió también en un encuentro entre dos tradiciones artísticas.



El Palacio de Bellas Artes, principal recinto artístico de México, edificado en las primeras

décadas del siglo XX, fue concebido como un palacio para la ópera en los estilos artísticos en boga en Europa. No obstante, sorprende a sus visitantes al ostentar obras artísticas del pasado prehispánico, como las representaciones de los dioses de la lluvia de mayas y teotihuacanos, además de exhibir en sus murales personajes del mundo antiguo como el emperador azteca Cuauhtémoc y Malintzin. Al incluir estos íconos de la antigüedad mexicana, el Palacio de Bellas Artes constituye un monumento al mestizaje artístico europeo y mexicano, que surgió de la Revolución Mexicana.



En los primeros años del XX, México se encontraba preparando el escenario para la gran conmemoración del Centenario de la Independencia, que tendría lugar en septiembre de 1910. Como parte de esta conmemoración, el presidente Porfirio Díaz inauguraría edificios y monumentos construidos exprofeso para este gran momento, entre los que se encontraban el Palacio Postal, el Palacio de las Comunicaciones, el Hemiciclo a Juárez, la Columna de la Independencia y el Palacio de la Ópera, entre otros.

Imagen: Palacio de Bellas Artes en construcción, en la primera década del siglo XX.



De acuerdo con el proyecto original elaborado por el arquitecto italiano Adamo Boari, el Palacio de la Ópera sería el escenario de la presentación de obras operísticas que tanto apreciaban las familias pudientes de la capital del país. La construcción de este edificio se inició en 1904, pero no pudo ser concluida a tiempo para los festejos del Centenario por problemas estructurales y presupuestales. Adicionalmente, el estallamiento de la Revolución en noviembre de 1910, ocasionó la suspensión de la obra.

Imagen: Interior del gran Teatro Nacional, sede de la ópera mexicana.



En 1930, el gobierno decidió reemprender la construcción del Palacio, redefiniendo su vocación. Al considerar a la ópera como una expresión artística para las clases privilegiadas, optó por dedicar el edificio a la promoción de las bellas artes al pueblo mexicano: pintura, escultura, arquitectura, fotografía, música, danza y literatura.

Imagen: Palacio de Bellas Artes tras su inauguración en 1934.



Y acorde con el nuevo concepto que se tenía sobre la identidad del mexicano, que había dado origen a una orientación nacionalista e indigenista en el arte pictórico, la música, la danza y el cine, se decidió incluir expresiones diversas del arte indígena en el palacio, aparte de las que ya formaban parte de la fachada proyectada y ejecutada por Adamo Boari.

Imagen: Mural México Tenochtitlan visto desde el Mercado de Tlatelolco. Autor Diego Rivera. Palacio Nacional.



De esta manera, cuando observamos la fachada del palacio, podemos ver sobre las puertas laterales, el arquitecto italiano colocó relieves o esculturas que representan a la cultura azteca o mexica. En primer lugar, la serpiente, que envuelve la parte superior del pórtico.

Imagen: Escultura de serpiente y guerrero águila sobre uno de los pórticos del Palacio de Bellas Artes.



Observaremos, además, dos magníficas esculturas que representan las cabezas del guerrero águila y el guerrero jaguar, los cuales formaban los batallones de élite de la fuerza militar del Imperio azteca.

Imagen: Cabeza de guerrero jaguar. Escultura sobre uno de los pórticos del Palacio de Bellas Artes.




Ya en el interior, veremos en la puerta que conduce a la sala de Espectáculos, cuatro magníficas representaciones del dios de la lluvia teotihuacano Tláloc.

Imagen: Escultura del dios Tláloc en puerta de la Sala de Espectáculos.



Uno de los conjuntos más notables del interior del edificio, son cuatro grandes lampadarios con cristales esmerilados, que rematan en 4 mascarones realizados en hierro laminado con aplicaciones de cobre bronceado y patinado, los cuales representan al dios maya de la lluvia Chac. Estas obras fueron realizadas por la prestigiosa Casa Edgar Brandt de Francia.

Imagen: Escultura del dios Chac sobre el lampadario monumental.



El universo prehispánico mexicano se hace presente también en algunos murales. Tal es el caso de la obra realizada por David Alfaro Siqueiros, que lleva por nombre Tormento de Cuauhtémoc, en la cual representa a quien es considerado con el mayor héroe de la resistencia indígena en contra de la conquista española al ser torturado por Cortés para que revelara el lugar donde se encontraba el tesoro del monarca Moctezuma.

Imagen: Mural Tormento de Cuauhtémoc de David Alfaro Siqueiros.



Finalmente, en el mural de Siqueiros, Apoteosis de Cuauhtémoc, vuelve a figurar el héroe mexica, que en esta escena se enfrenta a un Centauro, figura mitológica de la antigüedad griega, que en este caso hace referencia a los conquistadores españoles que montaban sobre sus caballos y que eran vistos como extrañas criaturas por los informantes del emperador azteca Moctezuma.

Imagen: Mural Apoteosis de Cuauhtémoc de David Alfaro Siqueiros.



Gracias a que fueron agregadas esculturas y pinturas que evocan el pasado prehispánico, el Palacio de Bellas Artes pasó a ser una edificación en la que se funden el arte europeo y el arte prehispánico e indigenista, lo que lo convirtió en un poderoso ícono arquitectónico de la nación mexicana.

Imagen: Hall principal del Palacio de Bellas Artes.


Te recomendamos:

Ver un documental breve que permite recrear la historia de este edificio: La Ciudad de México en el tiempo. El Palacio de Bellas Artes.

Documental con duración de 5 mins. Canal Once.

 
 
 

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