El amor secreto de Maximiliano de Habsburgo
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La historia de Maximiliano y Carlota está llena de episodios que parecen sacados de una novela: poder, tragedia, locura, secretos… y también rumores de amores prohibidos. Entre ellos destaca la historia de una supuesta relación entre el emperador y una joven indígena de Cuernavaca, conocida como la “india bonita”. ¿Existió realmente este romance o fue una historia alimentada por la imaginación popular? La respuesta es mucho menos sencilla de lo que parece.

Imagen: Maximiliano y la India bonita. Pintura de Salvador Tarazona. 1938. Centro Cultural Jardín Borda.

El reinado de Maximiliano de Habsburgo en México, constituye uno de los episodios más sorprendentes y enigmáticos de nuestra historia nacional. No obstante que se trató de un monarca impuesto por las armas, Maximiliano y su esposa Carlota generaron a través del tiempo una corriente de admiración en la población mexicana, en tanto que lo peculiar de sus relaciones íntimas como pareja, contribuyó a gestar relatos idílicos sobre sus amores secretos. En este artículo, evocaremos una de las aventuras amorosas de Maximiliano, real o fantástica, que ha generado tanta curiosidad y morbo a través de la historia. Pero antes, recordemos quiénes eran estos dos nobles europeos que reinaron en México.
Imagen: Maximiliano y Carlota. Fotografía.

El archiduque Maximiliano y su esposa Carlota Amalia, llegaron a México a fines de mayo de 1864, invitados miembros del grupo conservador de este país, y en el marco de la ocupación francesa, llevando a cabo su entrada con gran pompa en la ciudad de México.
Algunos días más tarde, instalaron su residencia en el Castillo de Chapultepec.
Imagen: Arribo de Maximiliano y Carlota al Puerto de Veracruz. Grabado.

Pues bien, esta pareja de apuestos jóvenes de la realeza europea, que suscitaban la admiración del pueblo y de la alta sociedad mexicana, guardaban un secreto, que quienes se enteraban de éste, no podían dejar de extrañarse. Al parecer dormían en recámaras separadas y no hacían vida íntima de pareja. Claro está, en los pasillos de palacio comenzaban a tejerse historias sobre aventuras extramatrimoniales del emperador.
Imagen: El Castillo de Chapultepec. Grabado del siglo XIX.

Pues sucede que en el mismo año de su llegada, el emperador adquirió una casa de recreo en las afueras de la bella y cálida ciudad de Cuernavaca, a la que bautizó como El Olindo. Como podrán imaginar, los jardines de esta propiedad rebosaban de árboles, plantas y flores, además de estanques de agua, que le daban una apariencia tropical idílica.
Imagen: Residencia El Olindo, en Cuernavaca. Fotografía actual.

Surgió entonces la historia de una joven y hermosa mujer india, de nombre Concepción Sedano, hija del jardinero de El Olindo, quien cautivó con su belleza al emperador, naciendo entre ellos un amor profundo y sincero. El joven emperador frecuentaba cada vez más su casa de campo de Cuernavaca, con la expectativa de ver a su amante, a la que apodaban la “india bonita”.
Imagen: Maximiliano y la India bonita. Pintura de Salvador Tarazona. 1938. Centro Cultural Jardín Borda.

Hasta que un día se esparció la noticia de que la joven Concepción esperaba un hijo del archiduque, lo que intensificó el sufrimiento de la emperatriz, quien desde que se efectuó su matrimonio, no había podido dar un hijo a Maximiliano.
Imagen: Carlota Amalia. Fotografía de Josef Malovich. Cerca de 1864.

Sobra decir que la noticia del romance de Maximiliano y la “india bonita” estimuló las murmuraciones en el Palacio Imperial y en todo el reino, ante lo fascinante que resultaba que un archiduque austriaco, miembro de la más rancia nobleza europea y distanciado amorosamente de su esposa, se enamorara de una mujer india de condición humilde, lo que evocaba la trama idílica de algunas de las novelas más famosas, como La gitanilla de Miguel de Cervantes Saavedra o Jean Eyre, de Charlotte Bronte.
Imagen: Portada del libro La Gitanilla.

Pues bien, sin duda la historia del romance entre Maximiliano y la India bonita resulta muy atractiva, y en cierta manera creíble, toda vez que Maximiliano era un hombre que tenía en alta valoración a los indígenas de México y su cultura, es decir, no compartía los
prejuicios raciales que caracterizaban a los miembros de las clases privilegiadas de la época, de manera que no resultaría extraño que se permitiera a sí mismo apreciar la belleza de una mujer indígena y dejarse llevar por la atracción que sentía.
Imagen: María Bibiana Uribe. Ganadora del Concurso Miss Indígena Universal. Fotografía, 1926.

Sin embargo, cuando leemos los relatos hechos por los biógrafos de Maximiliano y Carlota, como el que hace historiador y escritor austriaco Egon Caesar Conte Corti, nos damos cuenta de que no hay fuentes fidedignas que prueben la existencia de dicha historia de amor, por lo que lo más probable es que el amor secreto de Maximiliano haya sido una invención producto de la imaginación de gente del pueblo, que admiraba la elegancia y la refinada educación del archiduque y se encontraba ávida de imaginar sus deseos y aventuras íntimas.
Imagen: Portada del libro de Casesar Conte Corti.

Nos viene a la mente entonces, la idea de que Maximiliano y Carlota protagonizaron un episodio dramático y novelesco de la historia de nuestro país. Episodio que ha dado origen a una rica producción literaria, cinematográfica y teatral, que nos permite adentrarnos en esta apasionante historia. Tal es el caso de “Adiós Carlota”, una obra títeres hiperrealista y silenciosa que se presentó en el Castillo de Chapultepec y que narra en forma poética y onírica la locura, la soledad y los recuerdos de Carlota durante su reclusión en el Castillo de Bouchout, en Bélgica.
Imagen: Carlota anciana. Títere de la obra Adiós Carlota. Fotografía.
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