El bautizo de la calle de Madero por Pancho Villa
Hoy caminamos por ella para llegar al Zócalo, recorrer sus tiendas o admirar sus edificios históricos, pero el 8 de diciembre de 1914, los habitantes de la Ciudad de México presenciaron una escena insólita: Pancho Villa subió una escalera y colocó personalmente una placa con el nombre de Francisco I. Madero en una de las calles más emblemáticas de la capital. Más de un siglo después, una escultura recuerda aquel peculiar episodio. Conoce cómo sucedió.


Desde que se edificó la Ciudad de México tras la conquista de Tenochtitlan, la calle que hoy se llama Madero ha sido una de las principales arterias de la ciudad, ya que comunica la Plaza Mayor o Zócalo con las avenidas que conducen a la zona Poniente del Valle de México, hacia el cerro de Chapultepec y Santa Fé, de donde provenía el abasto de agua de la ciudad y hacia a dónde fue orientándose el crecimiento de la urbe en los siglos venideros.
Imagen: Calle de Madero a principios del siglo XX. Al fondo a la izquierda se aprecia el Palacio de los Azulejos.

La primera edificación importante de esta calle fue el Convento de San Francisco, conjunto de edificios que incluía diversos templos, dos claustros y las habitaciones normales de un convento y que tenía una sorprendente extensión de 34,000 metros cuadrados. Por esta razón, desde el siglo XVI, la calle recibió el nombre de San Francisco en el tramo entre las actuales calles de Eje Central y Bolívar.
Imagen: Convento Grande San Francisco. Acuarela Isométrica del arquitecto Sergio Saldívar Díaz.

Por su parte, también en la época virreinal, al tramo comprendido entre la Plaza Mayor y la actual calle de Isabel la Católica se le denominó Paseo de los Plateros, dado que en esta área se establecieron las platerías de la ciudad. En tanto que el tramo comprendido entre las actuales calles de Isabel la Católica y Bolívar recibió el nombre de La Profesa, en alusión al templo del mismo nombre.
Imagen: Paseo de Plateros a fines del siglo XIX.

En la época virreinal, esta calle fue la favorita de los grandes señores para edificar sus palacios: tal fue el caso de los palacios del dueño de minas José de la Borda, del marqués de Jaral de Berrio –mejor conocido como Palacio de Iturbide- y del palacio de los Condes del Valle de Orizaba –conocido como Palacio de los Azulejos.
Imagen: Vista del Palacio de los Azulejos en la calle de Madero a principios del siglo XX.

Pues bien, el 6 de diciembre de 1914, las tropas de los dirigentes revolucionarios Pancho Villa y Emiliano Zapata hicieron su entrada a la Ciudad de México hasta llegar al Palacio Nacional, celebrando así el triunfo de la revolución y la caída del general Victoriano Huerta, quien había usurpado la presidencia tras la Decena Trágica, en febrero de 1913.
Imagen: Entrada de las tropas de Villa y Zapata a la Ciudad de México.

Dos días después del ingreso de las tropas villistas y zapatistas, el dirigente Pancho Villa decidió colocar una placa en la esquina de la calle de Plateros y San José del Real (hoy Isabel la Católica) con el nombre de Francisco I. Madero, rebautizando así esta importante arteria de la ciudad, en homenaje al primer dirigente de la revolución y presidente de México, asesinado por órdenes del rebelde Victoriano Huerta.
Imagen: Pancho Villa coloca la placa metálica con el nombre de Francisco I. Madero. Fotografía.

A partir de aquel día, esta principal calle de la ciudad ostenta el nombre del héroe de la revolución y constituye uno de las calles con mayor historia, riqueza arquitectónica y tradición de la ciudad. En esta memorable fotografía podemos apreciar la fachada del Palacio de Iturbide, cuya fachada ostenta uno de los trabajos artísticos de cantera labrada más destacados de la ciudad.
Imagen: Vista parcial de la fachada del Palacio de Iturbide con transeúntes. Principios del siglo XX.

Por cierto, en la todavía llamada calle de Plateros se instaló el primer sistema de alumbrado eléctrico de la ciudad en 1881, lo que causó un gran regocijo entre los habitantes de la urbe, quienes acudían por las noches a este importante paseo a disfrutar del espectáculo de la iluminación.
Imagen: Encendido de una lámpara eléctrica en la Ciudad de México a fines del siglo XIX.

Debido a la importancia de esta arteria en la vida de la ciudad, el 18 de octubre de 2010 se reinauguró la calle de Madero, ahora bajo la modalidad de una calle peatonal. A partir de entonces se ha constituido en la arteria favorita de los paseantes que se dirigen al zócalo, o bien que acuden a visitar sus múltiples tiendas de ropa, sus bares y restaurantes, sus templos y museos, gozando de la tranquilidad de no tener que lidiar con automóviles o medios de transporte público.
Imagen: Madero como calle peatonal. Fotografía actual.

Curiosamente, hace algunos años, el gobierno de la ciudad decidió hacer un homenaje, esta vez no a Francisco I. Madero, sino al revolucionario Pancho Villa, por haber sido el artífice del bautizo de la calle de Madero. Por ello, encargó al escultor Eduardo Bautista que llevara a cabo una escultura de Villa subido sobre una escalera y saludando a la multitud, frente a la recién puesta placa que ostenta el nombre de Francisco I. Madero.
Imagen: Escultura de Pancho Villa.
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El documental La ciudad de México en el tiempo. Calle Madero. 5:10 mins. Canal 11.



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