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Fundación de la Ciudad de México



Que la Ciudad de México haya sido erigida sobre un islote en medio de una laguna, es sin duda uno de los hechos más sorprendentes de la historia de nuestra metrópoli, máxime que hoy día los capitalinos sufrimos de una considerable escasez en el suministro de agua. ¿Pero que llevó al conquistador Hernán Cortés a establecer la capital de la Nueva España en un significante islote amenazado constantemente por las inundaciones? Veamos:


En la época en que se fundó Tenochtitlan, lo que hoy conocemos como el Valle de México era una inmensa cuenca de 7,800 km2., con bosques de fresnos, encinos, ahuehuetes y coníferas, con tulares y carrizos, además de ríos y manantiales, que desembocaban en un conjunto lacustre conformado por los lagos de Zumpango, Xaltocan, Texcoco, Xochimilco y Chalco, que juntos tenían una extensión de cerca de 1,000 km2.

Imagen: Territorio originalmente ocupado por el lago de Texcoco.



En este singular espacio geográfico había una variedad de especies animales, plantas comestibles, árboles y minerales, lo que en conjunto conformaba un ecosistema ideal para la actividad agrícola y la subsistencia de una diversidad de comunidades humanas.


En el año de 1325, la tribu azteca o mexica, que llevaba cerca de dos siglos peregrinando en busca de un lugar adecuado para fundar su ciudad, se estableció finalmente en un pequeño islote del Lago de Texcoco. De acuerdo con la leyenda, en este lugar encontraron los mexicas la señal que les indicó su dios Huitzilopochtli: el águila posada sobre un nopal que crecía de un islote del lago de Texcoco.

Imagen: Monumento que representa la fundación de Tenochtitlan


Con los años, el pequeño islote se extendió a partir de la construcción de chinampas, islas artificiales fabricadas con cañas, ramas y lodo, que flotaban sobre el lago alrededor de la isla original. En el centro de la ciudad se encontraba el recinto sagrado en el que se ubicaban el Templo Mayor, el Juego de Pelota y diversas pirámides y edificios públicos.


La ciudad se encontraba estructurada en cuatro barrios, correspondientes a su vez a los cuatro rumbos del universo, es decir a los puntos cardinales, y de acuerdo con el arqueólogo Eduardo Matos, llegó a tener cerca de 175 mil habitantes.


En 1521 el ejército de Hernán Cortés, aliado con indios tlaxcaltecas, chalcas, totonacas y otros más, conquistó Tenochtitlan, en nombre del monarca de España Carlos I, lo que dio origen a una nueva colonia: la Nueva España.


Sometido el pueblo mexica, Cortés tomó una decisión que podríamos calificar de audaz e imprudente a la vez: fundar la capital de la Nueva España en el centro mismo del poder del Imperio mexica, es decir sobre una isla. Cortés fue advertido por algunos de sus más prominentes oficiales de la permanente amenaza de inundación a la que estaría sometida una ciudad rodeada por una laguna, por lo que recomendaban fundarla en Azcapotzalco, Coyoacán o Texcoco.

Imagen: Retrato de Hernán Cortés



No obstante, Cortés impuso su voluntad, comisionando a uno de sus soldados, de nombre Alonso García Bravo, quien se había desempeñado como alarife –nombre que se daba antiguamente al arquitecto o maestro de obras-, dirigiendo la construcción de fortificaciones militares.


Sorprende constatar hasta qué grado García Bravo trazó la nueva ciudad, tomando como modelo la metrópoli azteca: la Plaza Mayor fue ubicada en el mismo lugar en que se encontraba la plaza antigua; el Palacio de Cortés se edificó sobre las ruinas del Palacio de Moctezuma, en tanto que las calzadas de la nueva ciudad se trazaron respetando la orientación Norte-Sur y Este-Oeste que tenían las calles y acequias en la ciudad azteca. García Bravo aprovechó además las calzadas o puentes que unían a la isla de Tenochtitlan con tierra firme.


La nueva ciudad era un poco más pequeña que la ciudad indígena –cuya superficie se ha calculado en 145 hectáreas- y contenía unas 100 manzanas.


Para edificarla, el alarife de Cortés emprendió –con mano de obra indígena-, la destrucción de edificios de la ciudad azteca y, claro está, de las pirámides y edificaciones religiosas. Así surge la capital del Virreinato de la Nueva España, que estaba destinada, junto con el Virreinato del Perú, una de las dos colonias más importantes de la Corona Española.


El centro de la nueva ciudad fue edificado sobre las ruinas de la gran Tenochtitlan. Es decir, se derruyeron las pirámides, los templos, las casas señoriales y todos los monumentos. La piedra que se obtuvo de estos templos se empleó para edificar los edificios públicos y casas de los conquistadores.

Imagen: Ruinas del Templo Mayor


Estos significa que debajo de las construcciones virreinales quedaron estructuras, escalinatas, columnas, etc., de los edificios del recinto sagrado de Tenochtitlan.


Crecimiento exponencial



Actualmente la ciudad de México cuenta con 1,495 km2 y una población de 21 millones de habitantes, contando el Área Metropolitana, siendo una de las ciudades más grandes y más pobladas del mundo.



Desde el Porfiriato empezó una tendencia a mudarse a las zonas desocupadas de los alrededores de la ciudad y en la década de los 50´s el crecimiento de zonas desocupadas en delegaciones periféricas fue exponencial, multiplicando su tamaño a más del doble en solo 20 años.


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