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Leona Vicario, una heroína muy peculiar.

Leona Vicario fue una de las figuras más destacadas de la Guerra de Independencia de México, durante la cual formó parte de los insurgentes teniendo un papel de espía.

Su valentía y entrega la caracterizó y fue nombrada Benemérita y Dulcísima Madre de la Patria, siendo también la única mujer en México a quien se le han rendido funerales de Estado.




Uno de los personajes más interesantes de la guerra de Independencia y que es a su vez poco conocido por el pueblo de México, es una joven mujer, que entregó su vida a la causa y realizó una decisiva contribución a la lucha, sin que para ello tuviera que disparar un solo tiro. Se trata de Leona Vicario, quien dedicó su tiempo y su cuantiosa fortuna a apoyar a los insurgentes en las más diversas formas, lo que la hizo experimentar la pérdida de sus bienes, el encarcelamiento, el exilio y el hambre. Aunque, para su fortuna, logró sobrevivir y ser reconocida como heroína de México.

Imagen: Leona Vicario en el Retablo de la Independencia, de Juan O´Gorman. Museo Nacional de Historia.


Leona vino al mundo un 10 de abril de 1789, curiosamente en el mismo año en que tuvo lugar la toma de la Bastilla, que dio comienzo a la célebre Revolución Francesa. Su madre llevaba por nombre Camila Fernández de San Salvador, mientras que su padre era un acaudalado comerciante de nombre Gaspar Martín Vicario.

En su calidad de hija única recibió una esmerada educación, pero cuando tenía escasos 18 años de edad tuvo la desdicha de ver morir a su padre y, un poco tiempo después, a su madre. Motivo por el cual, la joven Leona Vicario quedó a cargo de su tío Agustín Fernández de San Salvador.

Imagen: Teatro Santa Anna. Litografía de Casimiro Castro.


En 1808, España fue invadida por las tropas de Napoleón III y el rey Fernando VII se vio obligado a abdicar en favor del hermano del emperador francés.

En estas circunstancias, los criollos, quienes eran descendientes de españoles nacidos en la Nueva España, comenzaron a rebelarse y a manifestar abiertamente su deseo de independizarse de la monarquía española.

Imagen: Este óleo de Carle Vernet muestra a Napoleón en Chamartín, recibiendo a los delegados de la Junta de Defensa de Madrid para rendir la ciudad y a los que reprocha airado su resistencia.


En su calidad de criolla, Leona simpatizó con la causa de la Independencia y empezó a idear como contribuir con ella. De manera que al estallar la guerra, en septiembre de 1810, Leona Vicario no tardó en entrar en acción, convirtiéndose en apasionada promotora de la causa. La señorita Vicario convencía a jóvenes de que se incorporaran a la lucha y les proveía de uniformes y armamento, que ella adquiría con su propio dinero.

Asimismo, estableció un sistema de correspondencia para que los insurgentes pudieran comunicarse con sus familias.

Imagen: Retrato de Leona Vicario.


Pero sin duda uno de sus mayores logros fue convencer a un grupo de jóvenes armeros vizcaínos, para que fabricaran cañones y fusiles para la insurgencia. Pero no sólo se preocupó por el armamento, también se encargó de conseguir una imprenta, tinta, papel y tipos móviles, para que un grupo de intelectuales que colaboraban con José María Morelos pudiera editar los periódicos insurgentes, tan necesarios para propagar el movimiento entre la población.

Imagen: Cañón fabricado artesanalmente en la Guerra de Independencia.


Claro está, las actividades sediciosas de Leona pronto fueron descubiertas por el gobierno virreinal y fue su propio tío, don Agustín Fernández quien la entregó a las autoridades. Leona fue encerrada en el Colegio de Belén, a dónde era custodiada por religiosas.

Algunos medios impresos, como El Pensador Mexicano, que editaba el aguerrido periodista Joaquín Fernández de Lizardi, dieron cuenta de las hazañas que realizaba esta joven mujer, que fue objeto de gran admiración por parte del pueblo.

Imagen: Colegio de San Miguel de Belén, convertido en cárcel a raíz de la Reforma liberal.


Muy pronto, los compañeros de lucha de Leona irrumpieron en el Colegio de Belén, liberaron a la joven y la condujeron hacia la ciudad de Oaxaca. Pero como los caminos eran celosamente vigilados por guardias reales, los insurgentes se vistieron como arrieros, llevando un cargamento de comestibles, en tanto que Leona logró burlar a los guardias de las garitas disfrazada de negra.

En Oaxaca, Leona se reunió con el joven al que amaba, el abogado y escritor Andrés Quintana Roo, quien colaboraba estrechamente con el dirigente José María Morelos y con el Congreso de Chilpancingo.

Imagen: Arrieros. Litografía de Carlos Nevel. 1839.

Sin embargo, después de que el Congreso del Anáhuac proclamara la Independencia, el ejército realista sitió la Ciudad de Chilpancingo, obligando a los congresistas a huir. Andrés y Leona, desesperados y empobrecidos, pero decididos a no aceptar la rendición, emprendieron un peregrinaje que habría de durar varios años.

Era tal la miseria en que se encontraban, que Leona dio a luz a su primera hija, que llevaría el nombre de Genoveva, en el interior de una cueva cercana al poblado de Achipichtla.

Imagen: Cueva en lo alto de una montaña. Óleo sobre tela.


Y en un lugar cercano a Sultepec, en el actual estado de México, la trashumante familia Vicario se refugió en una humilde choza, procurándose la diaria alimentación con el maíz y los vegetales que lograban cosechar y con la crianza de animales domésticos como cerdos y gallinas.

Imagen: Jacal típico en el campo mexicano.



En 1818, después de sufrir incontables penalidades, Leona y Andrés aceptaron el indulto de las autoridades virreinales y lograron regresar a la ciudad de México. Tres años más tarde, el ejército que comandaba Agustín de Iturbide consumó la Independencia.

Leona fue entonces reconocida como heroína de la patria y logró recuperar sus bienes. El resto de la historia la podemos imaginar: Leona volvió a ser una mujer de su hogar, abocada a criar a sus dos hijas, administrar su hacienda y a apoyar a su marido, quién continuaría figurando por muchos años en labores políticas legislativas y ejecutivas.

Imagen: Leona Vicario. Óleo sobre tela. Museo Nacional de Historia.


Hoy en día, los restos de Leona Vicario se encuentran depositados en el Monumento a la Independencia. Y es digno de mencionar que hace poco más de un año se erigió un monumento que la representa en el llamado Paseo de las Heroínas en el Paseo de la Reforma.

Es curioso pensar, que tuvieron que transcurrir dos siglos desde que se consumara la Independencia de México, para que las mujeres que contribuyeron a forjar la patria fueran reconocidas y que sus monumentos figuraran en la más importante avenida de la ciudad de México: el Paseo de la Reforma.

Imagen: Estatua de Leona Vicario en el Paseo de la Reforma.



Te recomendamos leer:

Leona Vicario en Chilpancingo. De Raquel Huerta-Nava.

En la colección Historias de la historia. Instituto Nacional de Antropología e Historia.


Y te recomendamos que veas el documental:

Leona Vicario, madre de la patria. Disponible en Youtube.












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