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Un héroe olvidado en la guerra de Independencia




He aquí una de las tantas historias de amor a la patria y de sacrificio, que el común de los mexicanos desconocemos por no figurar en los textos escolares y en los reportajes de divulgación del mes patrio. Es la historia de Epigmenio González, un hombre casi desconocido que sufrió las peores torturas y el peor de los cautiverios por haber luchado por la Independencia de México.


Epigmenio González, nació en la ciudad de Querétaro, en el seno de una familia humilde en el año de 1781. Desde joven logró labrarse una posición económica, administrando una pulpería o tienda de indios. En el año de 1810, él y su hermano Emeterio se unieron a la conspiración de independencia que encabezaba el capitán de dragones de la reina Ignacio Allende, y en la que participaban el corregidor Miguel Domínguez y su esposa y otros criollos de la región como el cura Miguel Hidalgo.

Imagen: Epigmenio González


La tarea que se impusieron los hermanos González fue establecer un taller de fabricación de armas en su propia casa, lo que sería el punto de partida para emprender la rebelión.


En la segunda semana de septiembre de 1810, la conspiración fue delatada y el día 14 el Corregidor fue cuestionado por las autoridades sobre su participación en la misma. Negando todos los cargos, don Miguel se dispuso a encarcelar a sus propios compañeros de conspiración, tratando así de evitar que él y su esposa Josefa Ortiz fueran descubiertos. El 14 de septiembre por la noche se dirigió junto con varios guardias a la casa de los hermanos González y los tomó presos. Para fortuna de los conspiradores, Hidalgo y Allende no fueron apresados, por lo que en la madrugada del 16 de septiembre emprendieron la guerra de Independencia en el pueblo de Dolores.


El calvario de Epigmenio González


Epigmenio permaneció un tiempo encarcelado en el Convento de la Santa Cruz, en Querétaro, y después fue trasladado a una cárcel de la Ciudad de México, en donde le fueron descubiertos escritos de propaganda en favor de la Independencia. Las autoridades decidieron entonces endurecer su castigo enviándolo a una cárcel en las islas Filipinas, que por cierto formaban parte del virreinato de la Nueva España.


Desde aquel trágico momento Epigmenio emprendería su propia lucha: la que lo llevaría a enfrentar todas las adversidades imaginables para conservar su salud mental y su vida, ya que en las prisiones en que permaneció fue sometido a las más crueles torturas imaginables.


En el año de 1824 Epigmenio se enteró del triunfo de la revolución de Independencia, lo que lo hizo soñar con su pronta liberación, tomando en cuenta que en aquel año fueron liberados los insurgentes que habían caído en prisión.

Imagen: "Un insurgente en prisión." Atanasio Vargas. 1873


Sin embargo, una circunstancia política vino a romper con las ilusiones de libertad de González: La monarquía española se negó a reconocer la Independencia de México y Filipinas continuó siendo su colonia. En estas condiciones, España retuvo en la cárcel a quien había luchado en contra del régimen virreinal.


En diciembre de 1836, España reconoció la Independencia de la nación mexicana. Un tiempo después y tras 25 años de cautiverio, el conspirador Epigmenio González fue finalmente liberado. Por algún tiempo permaneció mendigando afuera de una taberna al sur de Manila, en Filipinas, hasta que un comerciante español accedió a aceptarlo como grumete en su barco, con lo que Epigmenio pudo finalmente llegar al puerto de San Blas, en la costa del Pacífico mexicano, el 8 de junio de 1838. De ahí se trasladó a Guadalajara, en donde permanecería viviendo hasta su muerte.


Pero, ¿Quién era Epigmenio cuando logró regresar a México? Un hombre de 57 años, casi anciano, que había caído prisionero siendo un joven y próspero comerciante de 29 años de edad, con un promisorio futuro.


Su estancia en la cárcel le había causado importantes daños a su salud: había perdido en buena medida la movilidad en sus piernas por lo que caminaba lentamente apoyado en un bastón, en tanto que había pasado los mejores años de su vida en una solitaria celda.

Cuentan que ya anciano Epigmenio paseaba por parques de Guadalajara y gustaba de platicar la historia de su participación en la lucha de independencia, aunque quienes lo escuchaban creían que se trataba de la invención de un anciano.


Así vivió Epigmenio hasta 1858, año en que murió de los males propios de la vejez. Nunca volvió a Querétaro, siendo que sociedad y gobierno queretanos reconocían con entusiasmo su participación en la gesta inicial de la Independencia, lo que los llevó a inmortalizar su recuerdo al darle su nombre a una calle y a una plaza de esa histórica ciudad.

Imagen: Monumento a Epigmenio González en la ciudad de Santiago de Querétaro, Querétaro.


Héroes en el Ángel de la Independencia


En la base del Ángel de la Independencia podemos encontrar 24 nombres inscritos en la base del monumento, se encuentran grabados en las caras de los pedestales de las 4 estatuas sedentes ubicadas en cada esquina de la base y que representan: La Paz, La Ley, La Guerra y La Justicia, de la siguiente manera:


La Paz: Melchor de Talamantes. Francisco Primo de Verdad y Ramos. y Marqués de San Juan de Rayas. en una de las caras y Pedro Ascencio, José Joaquín de Herrera y Miguel Barragán en la otra cara.


La Guerra: Mariano Jiménez, Leonardo Bravo y Pedro Moreno en una de las caras y Encarnación Ortiz, Víctor Rosales y José Antonio Torres en la otra.


La Justicia: Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra, Joaquín Fernández de Lizardi y Carlos María de Bustamante, en una de las caras y José María Cos, José María Liceaga y Andrés Quintana Roo, en la otra cara.



La Ley: Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario Fernández de San Salvador y Mariana Rodríguez del Toro de Lazarín en una cara y José Mariano de Michelena, Epigmenio González y Antonio Ferrer en la otra.

Imagen: Base del Ángel de la Independencia

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